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Radiografía del género ‘Negro español’

NARRATIVA

En la actualidad el policíaco, el thriller y la novela negra facturan 70,4 de los 509 millones totales de las ganancias que genera la ficción en la industria. ¿Es realmente un fenómeno inédito?

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Estación de trenes de Atocha. Ocho y media de la mañana. De los treinta libros exhibidos en la mesa de novedades del quiosco, 28 pertenecen al género negro y están firmados por españoles. No suecos, ni británicos: españoles. Tras una década de hitos editoriales, el policíaco y el thriller ibérico viven su momento de mayor impacto y proyección dentro y fuera de nuestro país. Más de media docena de escritores son aclamados, premiados por la crítica, traducidos a más de 40 lenguas y adaptados por grandes plataformas.

En 1995, cuando Lorenzo Silva quiso publicar el primer libro de su serie protagonizada por los investigadores de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro, un director editorial le dijo que desistiera, que el policíaco no tenía interés en España y que no encontraría lectores jamás. Veinticinco años, trece novelas y dos millones de ejemplares vendidos de esa saga desmienten que tal cosa fuese cierta. En la actualidad, el ‘género Negro’ factura en España 70,4 de los 509 millones totales de las ganancias de Ficción, según cifras aportadas por la Federación del Gremio de Editores de España.

La aparición de Stieg Larsson y Camilla Läckberg hace más de una década desató la fiebre por un tipo de literatura a cuyos territorios se habían asomado en España autores como Lourdes Ortíz y María Antonia Oliver, Manuel Vásquez Montalbán, Andreu Martín y más recientemente Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett, Alexis Ravello e Ignacio del Valle con serie protagonizada por Arturo Andrade. Hoy el panorama es mucho más amplio y diverso. Conviven escritores como Dolores Redondo y Juan Gómez- Jurado, cuya ‘Reina Roja’ ha vendido más de 2,5 millones de ejemplares en cinco años, o Eva García Sáenz de Urturi y su saga del Kraken, con Javier Cercas, Carlos Zanón, Marta Sanz y Rosa Montero, que ha vuelto a la novela policiaca junto al escritor francés Oliver Tuc con ‘La desconocida’.

El ‘Negro’ es el único género literario que cuenta en España con un circuito de encuentros y premios que fortalecen su difusión: en otoño, Getafe Negro; en invierno, Barcelona Negra, creada por el librero Paco Camarasa, en 2005; en primavera, Valencia Negra y en verano la Semana Negra de Gijón, por solo citar los encuentros más importantes. El trasvase de guionistas al territorio negro, el caso Carmen Mola y Santiago Díaz, o la colonización de las novelas en las adaptaciones audiovisuales están a la orden del día. El ‘Negro español’ es una industria, puede que la más lucrativa del sector editorial. Los grandes nombres y los emergentes se mezclan. Tan sólo en el primer trimestre del año se han publicado más de una docena de autores en el género: desde Arantxa Portabeles o Paco Bescós hasta Agustín Pery, que acaba de publicar ‘Txalaparta’, el segundo de la serie protagonizada por el policía Altolaguirre.

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Negro español

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Si el siglo XIX anglosajón fue el laboratorio del género negro, cuáles serían sus coordenadas literarias en España. «Me parece que sí existe un negro español. Su punto de partida podría estar en los ‘Desengaños’ de María de Zayas. En ‘El Clavo’. En esa novela rescatada de Emilia Pardo Bazán en la que trataba de enmendar la plana a Conan Doyle y, desde luego, en sus relatos. Antes de que el género negro se llamase así, la literatura española ya tenía una veta oscura y criminal más negra que las pinturas negras de Goya. Luego tenemos el hito de García Pavón y su ‘Plinio’». Con esos mimbres, referencias medievales incluídas, Marta Sanz propone un mapa histórico.

En las novelas ‘Black, Black, Black’ y ‘Un detective no se casa jamás’ (frase de Raymond Chandler) Marta Sanz creó al investigador Arturo Zarco, un homosexual que salió tardíamente del armario, que le permitió volver a la naturaleza de denuncia política de la novela negra. «Atendiendo a esta posible genealogía, hay una raíz inequívocamente literaria en las novelas negras actuales -pienso en Carlos Zanón, por ejemplo- que a veces se abarata cuando pasa por ella el rodillo del mercado, rutinizando las formas, repitiendo los temas, lavando las conciencias y clientelizando el espacio de recepción: desgranando la literatura de la literatura y de su inmanente condición inquietante y transgresora».

El escritor Víctor del Árbol identifica, también, un punto de partida, incluso un momento de eclosión a partir de determinados autores. «Éxitos como el de Dolores Redondo o Juan Gómez´-Jurado han revitalizado una manera de hacer que ya llevaban años cultivando con un gran talento autores como Lorenzo Silva, Alicia Giménez Barlett y antes Ledesma, Manuel Vásquez Montalbán o Andreu Martin. Novelas como ‘Crematorio’, de Rafael Chirbes, mostraron que es posible la novela de denuncia, la calidad narrativa y la tensión argumental. Una combinación perfecta». Del Árbol, cuya obra es aclamada en Francia, ha recibido el Grand Prix de Littérature policière étrangère y es caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

Para el escritor Juan Gómez- Jurado no hay nada puro ni exacto. «Tenemos que entender de dónde venimos. Wilkie Collins, Conan Doyle, Agatha Christie. El género negro experimentó una evolución hacia el thriller con Ken Follet. Después vivimos una década de hegemonía sueca y nórdica, así como la aparición de Larsson. Todos somos herederos de algo. En mí pesa tanto Ken Follet, Arturo Pérez-Reverte o Dumas como Tarantino. El paraguas principal es el suspense».

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¿Efecto Larsson?

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Hace diez años, el sello Alfaguara creó una colección dedicada exclusivamente al policíaco: Alfaguara Negra, dirigido por la editora María Fasce. «En ese tiempo, comenzó el auge de novelas potentes, que surgieron partir de la saga Millenium, de Stieg Larsson. Por supuesto que hay autores clásicos, pero el disparador de todo lo que vemos hoy fue producto de Millenium. A través de esa novela, muchos lectores no familiarizados aprendieron lo que significa leer thriller, que, como una novela negra o un policíaco, tiene mecanismos muy particulares para generar en el lector la pulsión de seguir leyendo».

Los editores, asegura Fasce, encontraron en esos años más de donde elegir. «Teníamos a Pierre Lemaitre, Benjamin Black, el ‘spaguetti crime’ del que formó parte Mirlo Zilahy. El objetivo de Alfaguara Negra no era rescatar clásicos sino encontrar voces nuevas y potentes». Y así ocurrió. En 2013, el sello publicó el superventas ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’, del suizo Joel Dicker, que fue traducido a más de 40 idiomas y vendió casi 10 millones de ejemplares. En ese catálogo, aparecieron también los libros de Benjamin Black, el pseudónimo que usa John Banville para su serie de novela negra y, en 2018, Carmen Mola, la identidad con la que Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero publicaron la trilogía ‘La novia gitana’, adaptada por Paco Cabezas al formato televisivo.

Sobre la explosión Larsson de aquellos años, los hay menos románticos. «Cuatro millones de ejemplares vendidos en España es una barbaridad. En Suecia ocurrió lo mismo, pero con menos habitantes. Entonces el asunto se convirtió en una calamidad para un autor en Suecia, que no podía aspirar a publicar, a menos de que escribiera thriller», asegura Lorenzo Silva. «Igual que veo mal que se menosprecie un género, también soy crítico con que se sobrepondere». Ofelia Grande, directora de Siruela, sello que también impulsó su propia serie policíaca con autores extranjeros como Fred Vargas y españoles como Domingo Villar, analiza el fenómeno desde de la naturaleza literaria del género. «En España había más tradición de novela policíaca que de novela negra. Tendríamos que agradecerle a Fred Vargas y al jurado del premio Princesa de Asturias porque colocaron el policíaco entre la élite de la literatura».

Ofelia Grande subraya el premio Princesa de Asturias de las Letras concedido a la autora francesa en 2018. «Cuando sacamos la colección de novela policíaca hace 20 años la pusimos dentro de la colección Nuevos Tiempos de narrativa contemporánea. Los de policíaco iban intercalados en las novedades. Uno de los autores que más resultado dio fue justamente Domingo Villar, que llegó a vender más de 200.000 ejemplares. Eso es muchísimo para un autor literario», la directora editorial de Siruela se refiere al autor de ‘Ojos de agua’, la primera novela protagonizada por el inspector Leo Caldas, y a la que siguió ‘La playa de los ahogados’, adaptada al cine por Gerardo Herrero. Villar falleció hace un año, en pleno apogeo de su carrera literaria.

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Territorio Baztán

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En enero de 2013, el sello Destino, entonces dirigido por la editora Silvia Sesé (la mujer responsable del bombazo de Stieg Larsson en España) publicó la novela de Dolores Redondo ‘El guardián invisible’, a la que seguirían ‘Legado en los huesos’ y ‘Ofrenda a la tormenta’, una trilogía de crimen y misterio ambientada en el valle de Baztán, un fenómeno sin precedentes en la industria editorial española. Se tradujo a cuarenta idiomas y cosechó un éxito que se ha mantenido en el tiempo. Entre 2017 y 2020 se estrenaron con éxito las tres adaptaciones cinematográficas de cada libro, actualmente disponibles en Netflix.

Con la pausa entremedias de ‘Todo esto te daré’, con la que ganó el premio Planeta 2016 (la novela más vendida del galardón en los últimos tiempos), en 2019 regresó al universo del Baztán con ‘La cara norte del corazón’, cuya adaptación está en vías de desarrollo como serie televisiva en Hollywood. Dolores Redondo ha triunfado en plazas difíciles, una de ellas Francia, donde su obra ha sido publicada en la prestigiosa serie Noire Gallimard. A la pregunta sobre si se siente pionera de lo que se llama ‘Negro Español’ actual, Dolores Redondo prefiere ser cauta y señala como verdadero precursor a Carlos Ruiz Zafón. Si hay una generación literaria significándose, asegura que no quiere ser ella quien «decida si forma parte o no». «Llevo diez años publicando en 40 países y poner el foco aquí me produce bastante pudor. No creo en podios de un día». «Mi obra tiene mi entidad, y me enfoco en seguir enriqueciéndola a nivel literario. Personalmente, y por ahora, no he percibido que el interés por mi trabajo en otros países se englobe dentro de algo que identifiquen como un género literario, es más, opino que en líneas generales y como en España, hay un creciente interés por lo local en todos los países», asegura la escritora. En el momento de la publicación de su saga, el territorio del Baztán fue su principal atributo. «Si compara las listas en ventas en nuestro país con las de hace diez años, la tendencia a leer autores propios, con historias pegadas a nuestra realidad cotidiana (…) Este hecho hace que los éxitos fuera de nuestras fronteras sean más llamativos en este momento, pero ‘El Guardián invisible’, publicado hace diez años, está en 40 países desde entonces, y fue el productor de Millenium el que adquirió entonces los derechos de cine, una carrera de fondo». Según la agente literaria Anna Soler-Pont, el Baztán marcó un cambio claro y contundente. «Dolores Redondo fue y sigue siendo una de las pioneras indiscutibles y el primer caso de éxito literario internacional del género. Sin duda esa mezcla entre la alta calidad literaria, la trama policíaca y la mitología vasca fue algo único y decisivo para su éxito. Consiguió llegar a un tipo de lectores, especialmente lectoras, que nunca había leído thrillers ni novelas policíacas». Desde su publicación, la Trilogía del Baztán ha vendido 4 millones de ejemplares.

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Crisis y novela negra

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Al mismo tiempo que Dolores Redondo comenzaron a publicar otros autores como Eva García Sáenz de Urturi, Mikel Santiago, María Oruña, Benito Olmo, Claudio Cerdán, Blas Ruiz, Nagore Suárez, Santiago Díaz, Javier Castillo, Manuel Loureiro y César Pérez Gellida, quien trece novelas después, puede jactarse de tener una perspectiva clara del fenómeno. «No sé si exista un catalizador, pero desde luego sí ha habido una explosión entre los años 2013 y 2016 donde aparecieron muchos nombres que hoy copan lo más alto de las listas de ventas. Es el caso de Dolores Redondo o Juan Gómez-Jurado, aunque a este último no lo considero un autor de novela negra sino de thriller, es cierto que también lo puedes encontrar en las estanterías del género. Puede que se trate de una moda, o quizá porque los lectores evolucionan y buscan historias diferentes, pero es un hecho que la novela negra española está en auge en nuestro país y quizá la siguiente meta se conquistar otros mercados».

Como prólogo de la crisis económica en España y los mercados globales, la novela negra, el thriller y el policíaco emergen como un signo del malestar social. Un poco antes de la eclosión de este fenómeno, en 2007, Rosa Ribas comenzó la serie protagonizada por la comisaria hispano-alemana Cornelia Weber-Tejedor. A pesar de interrupciones puntuales, continuó por esa línea. Su trilogía más reciente está protagonizada por los Hernández, una familia que tiene una agencia detectives en el barrio barcelonés de Sant Andreu que le permite trazar un fresco de la sociedad donde estas historias ocurren. «Dicen que es negra. Seguramente. No hay nada más negro que la familia», ha dicho Ribas sobre su propia obra.

Justo en esos años, Carlos Zanón publica ‘Tarde, mal y nunca’ (2010), ‘No llames a casa’ (RBA), ‘Yo fui Johnny Thunders’ (2014) y aquella maravillosa novela ‘Taxi’ (2017), en la que un conductor recorre los distintos estratos y paisajes sociales de Barcelona. Además de escritor, Zanón ha sido abogado de oficio. Algo de esa experiencia vital emerge en sus novelas, retratos de una Barcelona decadente, moral y existencialmente paradójica como el Guinardó de Jhony Thunders. En un lapso que coincide con el malestar social derivado de la crisis económica y financiera emergen autores muy disímiles entre sí, pero coinciden en ese enorme barreño que supone el thriller, el policíaco y la novela negra.

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Rasgos comunes

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«Somos hijos de nuestro tiempo». Al otro lado del teléfono, María Oruña hace una pausa. «En el género negro es difícil crear una etiqueta. Estamos en un armario muy grande con gente muy distinta, incluyendo a los híbridos como yo, que mezclo ciencia, historia e intimismo». El primer libro de Oruña, ‘Puerto Escondido’, el que da nombre a la saga ambientada en Galicia, lo publicó en la editorial Destino dirigida entonces por Silvia Sesé. «Con ella y con Paco Camarasa me senté a hablar muchas de estas cosas. Es cierto que Larsson modernizó un tipo de novela. Lisbeth Salander es el resultado de su propia época y marca la aparición de los personajes femeninos no como adorno, sino como protagonistas (…) No nos volvamos locos, lo importante es que haya buenos personajes femeninos y masculinos».

Investigadoras, policías e inspectoras han creado un amplio panorama de personajes que, según María Fasce, dan juego a la complejidad. Las mujeres tienen ahora más presencia como autoras y personajes. Están surgiendo grandes protagonistas como Camino Vargas, de Susana Martín Gijón; Elena Blanco, de Carmen Mola; Indira Ramos, de Santiago Díaz…». No en vano, Antonia Scott, la protagonista de ‘Reina Roja’, ha llevado a su autor Juan Gómez-Jurado al primer puesto de los más vendidos durante 183 semanas seguidas.

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Existen dos rasgos comunes entre los autores de novela negra, policíaca y thriller en España: la hibridación de géneros literarios, es decir la mezcla de thriller y novela histórica o de policíaco y misterio; el segundo es la regionalización, es decir, la aparición de una novela negra gallega, una novela negra en Madrid, en Barcelona, en Valencia, en Navarra, País Vasco o Los Pirineos. Desde la Vigo de Domingo Villar y su Leo Caldas hasta la Vitoria de Eva García Sáenz de Urturi, así como El Escorial de Teresa Cardona o próximamente la Segovia de Juan Carlos Galindo que debuta en Salamandra con su novela ‘Hontoria’.

«Hay una coincidencia temporal y cronológica entre la mayoría de nosotros», Gómez-Jurado se refiere al conjunto de escritores con mayores ventas. «Comenzamos a publicar y explotamos a la vez, tenemos referencias similares. Es raro que tantos bestsellers coincidan al mismo tiempo. Hay una ausencia total de complejos. El género ha estado preñado de complejos por no considerarse suficientemente literario. Eso ya no existe». No todos son tan entusiastas como Gómez-Jurado. Para Anna Soler Pont, no existen unas características concretas de un posible «Noir español», sino «un cierto afán de mimetismo de algunos para aprovecharse del tirón de otros».

Las cifras de ventas aquilatan un fenómeno claro: el ‘Negro español’ funciona. Desde los 4 millones de ejemplares vendidos de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo a los 3 millones de Juan Gómez-Jurado con su ‘Reina roja’ o los dos que atesora Javier Castillo, cuya primera novela autopublicada ‘El día que se perdió la locura’ marcó la base de un superventas como ‘La chica de nieve’, publicada en Suma y adaptada por Netflix. Otro caso es el de Eva García Sáenz de Uruturi, premio Planeta en 2020 y la autora más vendida en esta edición de Sant Jordi: su Trilogía de la Ciudad Blanca alcanzó tres millones de lectores y fue adaptada por Daniel Calparsoro.

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Guía para distinguir el negro, el thriller y el policíaco

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El policíaco nació en el siglo XIX con ‘Los crímenes de la calle Morgue y otras historias de misterio’, de Edgar Allan Poe, considerada la primera novela del género en la literatura universal. Como parte de una genealogía canónica, la acompañan la serie Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, así como las historias de Hércules Poirot, escritas por Agatha Christie ya en el siglo XX. De aquel tronco, surge la novela negra, cuyo mayor icono es ‘El halcón maltés’, de Dashiell Hammett.

Empujados por la necesidad de resolver un enigma, los investigadores de estas sagas introdujeron a los lectores en los entresijos de la sociedad, a la manera de una lupa de aumento sobre las desigualdades, el crimen y la violencia. ¿Qué distingue a una de otra? Ambos suponen dos territorios de una misma región, según el escritor Carlos Zanón, comisario del festival Barcelona Negra, Premio Hammet de la Semana negra de Gijón y el elegido por los herederos de Manuel Vázquez Montalbán para resucitar al detective Pepe Carvalho, en 2019, con ‘Problemas de identidad’.

«La novela negra es existencialista. No te deja tranquilo. Cuando habla de Ripley, Patricia Highsmith te dice: ‘tú también podrías ser un farsante’. Un policíaco resuelve algo: el mal existe, pero el sistema tiene un mecanismo para extirparlo. Lo que pasó primero con Mankell y luego con Stieg Larsson, es que consiguieron dar una patada en el culo al género ‘vintage’ del detective como señor con gabardina y pistola, que no importaba nadie, y lo volvieron contemporáneo. El thriller y el suspense hacen que cualquier novela funcione, porque la violencia la hemos asimilado tanto que no sabemos concebir una historia sin violencia. La negra es un tipo de novela costumbrista: si quieres saber cómo se vive en Canadá lees la Louise Penny, o Markaris en Grecia. En lugar de leer un libro de historia, te metes en una novela. Es Galdós, la novela costumbrista de toda la vida, pero con violencia. Domingo Villar era eso».

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El escritor Javier Cercas, autor de la trilogía ‘Terra Alta’ ABC
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«Borges decía que todas las novelas son novelas policíacas»

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En el año 2019, Javier Cercas sorprendió doblemente: por ganar el premio Planeta y por hacerlo con una novela policíaca. ‘Terra alta’ fue la primera de una trilogía protagonizada por Melchor Marín, un policía obsesionado con hacer cumplir la ley, al precio que cueste, y que continúa con ‘Independencia’ y ‘El castillo de Barbazul’. La serie, que Cercas ha dado por concluida, tomaba distancia de sus dos libros más conocidos: ‘Soldados de Salamina’ y ‘Anatomía de un instante’. Para Cercas, no existe contradicción alguna.

«En el fondo, siempre he escrito thrillers. Borges decía que todas las novelas son novelas policías. Al menos en mi caso, y en las novelas que me gustan, y hasta en el Quijote, hay un enigma y alguien que intenta descifrar ese enigma. Esa es la esencia del género policial. Como en cualquier género, hay novelas policiacas buenas y malas. Me quedo perplejo, porque todavía, dentro del medio literario, hay gente que considera el policíaco un género menor. Eso demuestra que no saben absolutamente nada de literatura».

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