La escritora retorna a las librerías con su nueva novela Los inocentes, un crimen masivo cuya resolución los lectores no sabrán hasta el final de la trama, “porque no está muy claro si realmente hay alguien que sea inocente”. Esta sexta entrega de la serie Los libros de Puerto escondido quizás sea la más negra y trepidante de las novelas protagonizadas por la teniente de la Guardia Civil Valentina Redondo. “Lo cierto es que desde el comienzo de la saga planteo cada nuevo caso como un desafío literario y un homenaje a un tipo de novela policiaca o de enigma concreto”, señala María Oruña.

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La escritora gallega, María Oruña, se ha convertido en un fenómeno literario.

La escritora gallega, María Oruña, se ha convertido en un fenómeno literario. CARLOS RUIZ

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QUIÉN ES

María Oruña es una abogada, novelista y columnista española. Nació en Vigo en 1976, aunque desde pequeña visita con frecuencia Cantabria. Allí ha ambientado una serie de sus novelas. Estudió Derecho y ejerció como abogada laboralista y mercantil durante diez años. En 2013 publicó su primera novela, La mano del arquero, que trata sobre el acoso laboral y el abuso de autoridad. En 2015 publicó su primera novela negra, Puerto escondido, que fue traducida a varios idiomas y dio lugar a una serie de novelas conocida como Los libros del Puerto Escondido. El personaje principal de la serie es Valentina Redondo, teniente de la Guardia Civil a cargo de la Unidad Orgánica de Policía de Investigación Judicial (UOPJ) de Santander. María Oruña ha publicado otras novelas como Un lugar a donde ir, Donde fuimos invencibles, Lo que la marea esconde, El camino del fuego y, ahora, Los inocentes. Además, colabora como columnista en el diario Faro de Vigo desde enero de 2020.

De abogada a escritora. ¿Fue difícil dar el paso?

Ahora ya no soy abogada; me he dado de baja en el Colegio, pero todo fue progresivo. No es que decidiera ser escritora de golpe. Dejé el bufete internacional donde estaba y empecé a trabajar por mi cuenta. En el cambio tuve algo más de tiempo de lo habitual y empecé a escribir Puerto Escondido. Después de un largo camino buscando quien lo publicara, lo entregué a la editorial y pensé que lo compaginaría, que alguien lo leería. Ocurrió que luego creció tanto el asunto que dejé de ejercer porque era inviable compaginar ambas profesiones.

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Su novela habla del crimen, el castigo, la venganza, el amor. ¿Es un cóctel de triunfo seguro?

Por fortuna no hay ningún cóctel seguro de triunfo, si no todos estaríamos añadiendo los mismos ingredientes una y otra vez para vender libros. Introduciríamos un poquito de sexo, otro de amor, un poco de acción y al final seguiríamos los guiones típicos-tópicos que están en todas las tramas del cine de Hollywood; sería lo de siempre y por lo tanto muy aburrido. Por eso, hay que arriesgar en cada novela. De hecho, cada uno de mis libros tiene un estilo narrativo diferente. 

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¿Por qué cree que a la gente le gusta tanto los thrillers?

No sé si la acción es lo que más les gusta. Lo que sí les agrada es la novela negra, la de misterio o como se la quiera denominar. Tal vez es porque se establece cierto equilibrio entre el bien y el mal. En la vida real muchas veces desaparece alguien y no sabes qué pasó; hay un crimen y tampoco se puede resolver quién lo cometió. Esta incertidumbre es la que nos mata. El no saber qué sucedió. Sin embargo, en las novelas, el malvado es atrapado y casi siempre recibe su castigo; esto nos da cierto equilibrio, cierta satisfacción al cerrar la última página.

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Son tiempos de redes, pero usted tiene más de un millón de lectores. ¿Satisfecha?

Las cosas cambian, incluso con la pandemia se retomó en cierta medida el hábito por la lectura como una forma de escape de ejercitar la mente. Porque es terrible que estemos ejercitando tanto el cuerpo y que no ensayemos con la mente, porque si la mente no desarrolla su imaginación al final se acaba oxidando. Y esto sólo se consigue con los libros; los medios audiovisuales te dan todo masticado. Quiero pensar que en realidad también voy acompañada de los tiempos. Tenemos igualmente que pensar a nivel global; hay lugares, que no están tan lejos de España, donde los hábitos de lectura están muchísimos más asentados y es normal irte a la compra y llevarte el libro de bolsillo para mientras esperas en la carnicería por ejemplo, leer. Esto lo tendríamos que normalizar, porque si vives en lugares donde el transporte público está institucionalizado y sabes que llegar a tu trabajo te llevará media hora o más, los libros son un recurso sine qua non.

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En su libro dice “que los inocentes nunca tienen coartadas”. ¿Lo cree así?

Es una cita de la novela de Agatha Christie. No siempre es así, pero, por lo general, en las novelas clásicas no tenían coartadas. Pero, a mí me gusta decir que es cierto que los culpables sí que suelen tener buenas historias.

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En su novela habla de crímenes masivos. ¿La realidad supera la ficción?

De hecho, el crimen masivo que sucede en Los inocentes está inspirado en otro que sucedió en la vida real hace más de cien años en un lugar de Europa, pero ocurrió de verdad. Yo lo descubrí casi de casualidad, lo tuve que investigar mucho para ver si era cierto, porque me sorprendió enormemente la causa y la finalidad de ese crimen. Al final la vida real nos alimenta a los escritores.

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¿Con esta sexta entrega pone punto y final a la serie de Puerto escondido?

No. No he dicho que cerraba un ciclo, que creo que sería suficiente en caso de que no siguiera con la serie porque son seis novelas, cada una con un estilo narrativo y con un guiño a un género detectivesco diferente; lo que he comentado es que voy a hacer otro proyecto distinto. Voy a parar como cuando hice El bosque de los cuatro vientos. Realizaré otra cosa, pero esto no quita para que pueda volver con la serie. De momento, sí le voy a dar un breve descanso.

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Su protagonista es la teniente Valentina Redondo. ¿Por qué la eligió como protagonista?

Las novelas tienen que ser espejo de la realidad. En consecuencia, ya hay tenientes mujeres en esos cargos y me parecía bien que hubiese una fémina en ese puesto, pero no porque yo quisiera imponer una figura que no existiera en la vida real, sino porque quería que ahí hubiera un buen personaje femenino, a la par que había buenos personajes masculinos.

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La mayoría de los escritores buscan que sus novelas diviertan. ¿Usted también?

Mi objetivo no es pretencioso; es entretener, acompañar, hacer disfrutar, plantear preguntas a los lectores. Eso es mucho ya. Conseguir que un lector a día de hoy se enganche de tal forma que necesite seguir leyendo también es un triunfo. La verdadera vocación está en saber hacer buena literatura; no hace falta estar realizando giros imposibles todo el tiempo, incluso trazar tramas absurdas con muchísimas sorpresas ridículas que al final hacen que las tramas no sean coherentes. No se trata de eso; se trata de una buena historia, con buenos ritmos, con buenos diálogos, con una buena musicalidad del texto, con un lenguaje rico. Muchísimos factores pueden conjugar que la historia anide y se quede dentro del lector y que no se olvide nada más cerrar la última página.

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Para muchos autores, la novela negra ha sido como de segunda. ¿Sigue siendo así?

No. Siempre ha habido etiquetas, la novela negra se entendía más como un folletín, pero también tenemos que entender que esto ha cambiado mucho. Antes las novelas negras eran 150-200 páginas; las nuevas también van cambiando según lo que reclama el lector. Creo que puede haber narrativa de calidad no solo en la novela negra, sino en la novela romántica, en la novela ensayística… La belleza de las palabras se puede encontrar en todos los lugares si se sabe trabajar bien la palabra. La verdad, me resulta indiferente cuando se critica de una forma tan hueca la novela negra, porque también hay que argumentar.

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¿Quiénes son sus lectores?

No tengo un espectro de lector definido. Va hacia un lector genérico que después será el lector quien decida. Para mi sorpresa, a las firmas ha venido mucha gente joven, de 15 años; no es algo que estuviera en mi cabeza, pero había mucha gente jovencita y me sorprende y gusta, y me llama la atención porque mis lectores tienen entre los 30 y 50 y hasta los 200 años. No hay límite, pero me llama la atención como es el boca a oreja, el que expande la novela sin ningún criterio de edad.

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¿Ya está preparando otro proyecto?

Eso siempre. Una vez que se acaba una novela ya hay que ponerse a trabajar en otra. A la semana de entregarla ya estoy trabajando en otra.

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¿Qué le diría a un joven que quiere dedicarse a la literatura pero no encuentra quién le edite?

Lo primero que sea honesto consigo mismo, que realmente se cuestione lo que tiene delante. Que vea si ese trabajo vale realmente el esfuerzo, si es bueno. Si cree en ese trabajo, si lo ha analizado, si ha intentado ser honesto entonces que pelee por ello.

En mi caso yo no conocía a nadie en el sector, pero busqué en internet y encontré una web: escritores.org y me metí para ver qué se hacía si querías que te leyera alguien. Proponía que lo ideal era buscar un agente que te filtrase para ofrecerte a las editoriales. Creo que escribí a todos los agentes de España; casi todos me dijeron que no. Hasta que después uno, después de muchos meses, me dijo; déjame leer quince líneas. A partir de ahí, todo empezó a ir todo muy rápido. Hay que trabajar duro y creer en uno mismo. Pero, insisto, en la coherencia y en la honestidad y objetividad de saber lo que tienes ahí. Y si crees en tu trabajo, pues a por ello.

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